La depresión – Análisis del origen de este trastorno mental

Introducción al trastorno mental “Depresión”

He aquí un trastorno mental cuya etiología es extraordinariamente intrincada y compleja. La depresión es proteiforme en sus manifestaciones clínicas. Cada paciente tiene su propio modo de deprimirse, aunque se nota en ellos un denominador común. Aquí se comprueba de una manera fácil y patente el aforismo médico, a saber, “no hay enfermedad o trastorno mental sino pacientes”.

Para entender lo difícil que es el abordaje terapéutico de este trastorno, basta con saber que la depresión es un modo de vida, un “modus vivendi”, una manera de ser, una cierta forma de adaptarse a ciertas circunstancias o acontecimientos de la vida.

depresion

El deprimido es siempre un paciente crónico, se puede decir que se es deprimido desde la cuna. Ciertos textos psiquiátricos hablan de “neuroticismo” en cuanto a la depresión, como una cierta tendencia congénita a la misma.

El deprimido ha soportado su depresión desde años atrás. Es posible que nunca tenga conciencia de su trastorno. En algunos casos ha sabido compensar, encontrar cierto equilibrio, salir adelante. Por ejemplo, a la primera ola de tristeza, de desgano o intento de retraimiento, etc., ha sabido buscar la compañía de un amigo o una amiga alegre (de buena onda), ir al cine o a un baile, es decir escapar de las garras de la depresión. Mientras el impulso vital es vibrante, pujante y fuerte, el deprimido ignora su depresión; cuando éste empieza a mermar, comienza también a ganar terreno la depresión. No es por puro azar que por lo general la depresión aparece después de los treinta, a los cuarenta y cinco o sesenta años. Pasando los sesenta se llama al cuadro “depresión involutiva”. Es un nombre, se pretende caracterizar un trastorno. En realidad el paciente ha sido siempre un deprimido. Muchos alcohólicos son deprimidos que jamás supieron que padecieron de depresión. Muchos fracasados son deprimidos que se extrañarían si alguien les hubiese dicho un día que sufren de depresión crónica. La mayoría de los llamados linyeras o crotos que deambulan sin rumbo por las calles son deprimidos crónicos. Nunca lo han sabido, nunca lo sabrán, porque el deprimido vive su depresión. El deprimido es “la depresión con patas” si se nos permite esa expresión coloquial.

En un tiempo remoto en su historia de vida (quizás de bebé), el deprimido se manifiestó como tal, bajo una forma larvada. Esa primera conducta le sirvió, sacó beneficio de ella, alcanzó a llamar la atención, a despertar la vigilancia de sus progenitores, a atraer sobre sí el cuidado cariñoso de estos últimos. En esa circunstancia, su conducta era atinada, pues desencadenó una respuesta positiva, favorable para él: los progenitores se esmeraron más, acudieron con rapidez y cierta desesperación a atender al bebé.

¿Qué desea en el fondo todo deprimido? Lo mismo. Inconscientemente quiere que sus progenitores acudan a tomarlo en sus brazos, a acariciarlo, a darle la sensación de seguridad que lo deje tranquilo. Así, el deprimido no sabe lo que quiere. Su conducta no es atinada, pues, sus progenitores no están, o si viven, no pueden brindarle esa clase de atención. Así, el deprimido es un incomprendido en sí y para sí. Él no se comprende, los demás tampoco lo comprenden. La gente le aplica un calificativo, una etiqueta, dice: “es un deprimido”. Pero no entiende nada, no sabe qué es un deprimido, ni qué está aconteciendo en él. Tampoco sabe qué se encuentra detrás de la depresión manifiesta, ni por qué él recurre a la depresión, que no le sirve de nada, que lo daña y lo degrada.

LA HIPÓTESIS MONOAMINÉRGICA

Sí, la depresión es un cuadro complejísimo. Sin embargo, en una actitud reduccionista, muchos autores intentaron dar cuenta de sus orígenes. Por ejemplo, Joseph Schildkraut y Seymour Kety elaboraron al respecto la HIPÓTESIS MONOAMINÉRGICA. Según esta hipótesis, la depresión está asociada a una disminución en la actividad sináptica de las conexiones que emplean NORADRENALINA y SEROTONINA. Esta disminución es característica de los CIRCUITOS HIPOTALÁMICOS y del SISTEMA LÍMBICO (de paso una crítica: esta hipótesis es eminentemente mecanicista y no dialéctica, pues, entre otros planteos, habría que preguntar: ¿por qué surgió esa disminución en la actividad sináptica de las conexiones que emplean noradrenalina y serotonina?. Esa disminución es un efecto, una consecuencia que no se puede confundir con una causa. ¿Cuál es entonces la causa? He allí la pregunta pertinente y el punto desde el cual habría que partir).

Hay una hipótesis relativamente reciente (1985) de Siever y Davis en cuanto a la génesis de la depresión. Ésta plantea que este trastorno no está relacionado con la disminución de un neurotransmisor, sino que refleja un fallo en el mecanismo regulador que gobierna la operación de los neurotransmisores.

Según estos autores la consecuencia de esta desregulación es que crea un sistema transmisor que responde de un modo poco adecuado a las necesidades externas e internas.

De esta hipótesis han surgido dos formas de tratamiento de la depresión:

1)   Algunas drogas antidepresivas inhiben la MONOAMINOOXIDASA y elevan el nivel de NORADRENALINA disponible.

2)   El tratamiento electroconvulsivante que tiene un intenso impacto sobre las aminas biógenas.

Por nuestra parte, utilizamos los hidrolisados en ciertas formas de depresión. Recurrimos a ENG en forma generosa a razón de hasta cincuenta gotas dos veces por día. Una vez establecido el lazo médico-paciente, vemos a este último todos los días y de ser necesario dos veces por día. Tratamos de estrechar más este lazo. También le administramos CRB, APG (si tiene más de treinta y cinco años), HPT, PSE, etc. Los resultados son excelentes.

Si el paciente es maleable, en el buen sentido del término, si coopera con nosotros, le ayudamos a que ingrese en su dieta GRANOS ENTEROS DE TODO TIPO, que le aportan grandes cantidades de AMINAS BIOLÓGICAS. Ello no es fácil, sabemos lo renuentes que somos para cambiar nuestros hábitos.

Después de todas estas medidas, pasamos al pilar central del tratamiento que es la psicoterapia. A mi criterio y de acuerdo a mis experiencias, la psicoterapia es la clave que abre la puerta para que el paciente salga de la cárcel de la depresión. Será una psicoterapia larga, paciente, con altibajos, pero surtirá efectos positivos inevitablemente. Por supuesto, tales efectos se han de lograr con la ayuda de la paciencia del paciente. Hay un escollo a señalar acá: muchos pacientes abandonan el tratamiento tan pronto que sus síntomas se alivian o desaparecen. Una y otra vez llamamos su atención sobre este peligro.

Ya lo hemos dicho: somos todos renuentes a cambiar nuestras costumbres, buenas o malas, favorables o dañinas. Con el deprimido sucede lo mismo por supuesto: él verbaliza su deseo de cambiar, de gozar de la vida, etc., pero en la práctica le cuesta cambiar, resiste sin querer al cambio. En su interior, ya que se repite: “soy así”, le parece imposible todo cambio en su modo de vida de deprimido. Ello es natural y comprensible, pues los hábitos de uno, las experiencias cualesquiera que sean, tienen una impronta en las neuronas. Sabemos hoy en día que las experiencias modifican sobre todo el área dendrítica de la neurona tomando allí la forma de pequeñas saliencias: son las llamadas “espinas dendríticas”.

Hemos hablado de paciencia y tiempo, ¿por qué? La razón estriba en que tenemos que dar tiempo a las neuronas en particular para que graben, inscriban en ellas las nuevas experiencias terapéuticas definitivamente antidepresivas. Así, la psicoterapia ha de ser concebida en este caso como algo físico, por así decir, que tiene el poder de modificar las neuronas, imprimiendo en éstas nuevas maneras de ser, un nuevo modus vivendi.

Lo que precede no tiene nada de ilusorio. Son infinitos los pacientes que han dejado atrás sus hábitos depresivos merced a la psicoterapia acompañada de otros medios terapéuticos.

Pasamos a la manía (EBP1).

Hablamos del litio que se utiliza en este cuadro con maravillosos efectos positivos. El litio (Li) tiene una acción similar al sodio (Na) en el sistema nervioso (SN). Puede sustituir al sodio en la determinación de los potenciales de reposo y de acción de los nervios. Tiene diversos efectos sobre varios neurotransmisores, por ejemplo: disminuye la respuesta a la noradrenalina.

Hemos presentado ya un paciente con EBP1 frente a ustedes. Lo habíamos sacado del instituto donde estaba internado. Lo hicimos a pedido de los familiares y acompañado por ellos. El paciente tomaba:

1)              Risperidona (Risperín).

2)              Biperideno (Akinetón).

3)              Litio (ceglutión 300 mg.).

4)              Lorazepam (Trapax).

Entre otros efectos colaterales desagradables y molestos había acatisia, sialorrea muy abundante, facies rígida sin expresión. No había progreso hacia la salud y la normalidad.

Una vez en su casa, sacamos el antipsicótico Risperidona, lo mismo hicimos con el Akinetón. A renglón seguido entramos vigorosamente con los hidrolisados. Utilizamos: CRB, APG, PSE, ENG, etc. en forma generosa, todos los días. A la semana no había sialorrea, ni acatisia, la facies del paciente recobró vida y expresión de acuerdo a sus diversos estados de ánimo. El paciente estaba totalmente normal, sin ningún tipo de síntoma.


 

Conclusión:

He aquí mis experiencias en cuanto a la utilización de los hidrolisados en ciertos trastornos mentales.

Antes de despedirnos de ustedes y darles las gracias por haberme escuchado, queremos enfáticamente decir que no somos biologistas, en el sentido de que todo en lo que concierne a trastornos mentales ha de ser resuelto únicamente con drogas, fármacos o hidrolisados. Tampoco somos psicologistas según la acepción de que los trastornos mentales son psicógenos, nacen en la mente, están en la mente sin una base neural, molecular, fisiológica, anatomo-histo-fisiológica.

Cuando decimos anatomo-histo-fisiológica, no estamos pensando forzosamente en un daño macroscópico o microscópico. Tenemos más bien en mente alteraciones muy sensibles, casi imperceptibles. Éstas pueden ser: primero, la ausencia, disminución o sobreabundancia de ciertas sustancias neuroquímicas necesarias para el buen funcionamiento del encéfalo, segundo, el disfuncionamiento de ciertas neuronas, ciertas áreas neurales, disfuncionamiento debido a modificaciones moleculares, metabólicas o a una disposición neural anormal que perturba la comunicación, la transmisión de información entre dichas neuronas.

Hacemos hincapié entonces sobre lo físico y la psiquis. Para nosotros, son como las dos caras de una misma moneda. Ahí se da la famosa contradicción dialéctica que se encuentra en una unidad. Son dos aspectos contradictorios que se unen en una totalidad, un concreto, una esencia. No puede haber psiquis sin encéfalo ni encéfalo sin psiquis. Un fármaco o un hidrolisado actúa sobre las neuronas del mismo modo que la psicoterapia modifica las mismas.

Gracias.

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